Toni Mejías: “Los hombres no podemos mostrarnos débiles y la anorexia es una debilidad”

El rapero de Los Chikos del Maíz publica un libro donde narra su experiencia con la báscula, el espejo, las calorías y una batalla mental interna que le costó reconocer como el trastorno de conducta alimentaria que sufría.

Cuando pensamos en la anorexia nuestra mente dibuja de inmediato a una chica, muy joven y extremadamente delgada. Y, estadísticamente, ese imaginario se aproxima mucho a la realidad. El 94% de las personas que sufre un trastorno de conducta alimentaria (TAC) son mujeres de entre 12 y 36 años, según datos de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia. La prevalencia en España de este tipo de enfermedades mentales es de 4,1 a 6,4% en mujeres entre 12 y 21 años. Para hombre en esas edades, solo es del 0,3%. No pensamos que ese tipo de trastornos pueda afectar en gran medida a los hombres y, sobre todo, nos cuesta imaginar que lo pueda tener alguien que se sube a escenarios frente a miles de personas a promover mensajes anticapitalistas contra la sociedad de consumo o que confrontan los ideales de belleza normalizando las imperfecciones.

Quedamos en su bar favorito, Las Palmeras, para un “esmorzar” o, como él dice: “la mejor comida del mundo”. Básicamente es la costumbre que tenemos en Valencia de comernos un pedazo de bocadillo a mitad de mañana. Olivas, pebreras (guindillas que hacen que se me salte una lágrima), cacaos, botella de vino con su correspondiente gaseosa, él un pechuguito (pollo, bacon, lechuga y tomate) y yo una chivito (lo mismo pero con lomo en vez de pollo). No sobra ni las migas. Pero yo, tras haber leído su libro, no puedo evitar pensar con cada bocado en cómo se sentirá él al enfrentarse a esos trozos de carne grasientos. Más tarde acabo preguntándoselo.

Toni Mejías es conocido por ser parte del grupo que abrió el camino en España a eso que llamamos “rap político”, Los Chikos del Maíz. También es periodista (“o eso dice un papel”, como dice su perfil de Twitter) y colaborador de El Salto. Pero en esta entrevista hablamos de HambreMi historia frente al espejo (Aguilar, 2021), un libro donde Toni se abre por completo para explicar cómo un día se dio cuenta de que lo que empezó como un “voy a hacer ejercicio para sentirme mejor” se había convertido en anorexia. Un libro donde además de desnudarse él para contar cómo entró, anduvo y salió de esa enfermedad mental, también desnuda a una sociedad “donde parece que tienes que hacer de todo, en la que tienes que ser productivo 24 horas” y donde las redes sociales y sus ritmos frenéticos lo magnifican todo.

Cuando oímos hablar de la anorexia enseguida nos viene a la mente la imagen de una chica joven o una niña. Tú eres Toni “el sucio”, referente del rap político que se sube al escenario delante de miles de personas, comunista, hombre… ¿Cómo se llega ahí siendo exactamente lo contrario a ese perfil de niña?
Puede que por eso, por no ser esa niña que nos han puesto en la cabeza que suele ser la víctima de esta enfermedad, me costó tanto reconocerlo. Te preguntas cómo vas a tener eso con treinta y pico años cuando ni siquiera entiendes que es una enfermedad y que no va con los hombres. Es que ni siquiera tenía en mi cabeza que pudiera ser una enfermedad que yo pudiera tener.

Un día tu cabeza hace un click y asocias la bajada de peso a estar más atractivo y con la salud… y ahí ya no hay vuelta atrás”

¿Y cómo llega a mí? Pues viéndolo con perspectiva y tras el paso del tiempo creo que llega desde que era adolescente. Siempre he sido una persona regordita, he sufrido lo que ahora se llama bullying, no muy extremo pero sí que he sufrido algo. Te genera inseguridades, falta de autoestima, muchos miedos, muchas dudas… Entonces, llega un momento en mi vida que decido cambiar de hábitos, hacer deporte, beber alguna cervecita menos, ser menos sedentario. Empiezo a notar avances, a sentirme bien y a escuchar comentarios de esos que la gente tiene tanta manía de hacer sobre el peso de otros como algo positivo o negativo. Empiezo a escuchar eso de “qué guapo estás”, “qué bien te veo” y ahí, en algún momento, tu cabeza se distorsiona, empiezas a pensar que bajar de peso siempre es bueno, que cuanto menos peses más atractivo y más sano vas a estar. Entonces te empieza a gustar bajar de peso y bajas más, más y más y en algún momento esa distorsión en tu cabeza te hace que comiences a rechazar algunos alimentos, empieces a contar y compensar calorías… o sea, tu cabeza hace un click y asocias la bajada de peso a estar más atractivo y con la salud… y ahí ya no hay vuelta atrás.

Has dicho “me costó reconocerlo” y también que “no va con los hombres”. ¿Cuánto crees que hay también de masculinidad? ¿Cuánto de esa educación que hemos recibido los hombres hay para que te cueste tanto reconocerlo y ver dónde estabas?
Los hombres no podemos mostrarnos débiles y la anorexia es una debilidad. Decir que tienes una enfermedad y encima una enfermedad mental, que sigue siendo un tabú en muchos ámbitos, es mostrarte débil ante la gente. Por lo que ya no solo la anorexia, sino la enfermedad mental, también es porque los hombres no lloran, como decía la canción. Pero existe el miedo a mostrarte vulnerable, el no aceptar que tienes problemas, el no decir en público o en tu ambiente más cercano que estás mal. No nos han educado en la derrota y por eso nos cuesta mucho hablar de que tenemos problemas, incluso en esos ambientes más cercanos. También es verdad que es una enfermedad que va más asociada a las mujeres que a los hombres. Para considerarnos guapos nunca se nos ha exigido tanto estar delgados. De hecho creo que para los hombres iba más el tema de la vigorexia. La presión sobre la belleza para las mujeres sigue siendo mucho mayor.

No nos han educado en la derrota y por eso nos cuesta mucho hablar de que tenemos problemas, incluso en ambientes cercanos”

Acabas de nombrar y también remarcas varias veces en el libro el tema de sentirte atractivo. Hablas del caso de la vigorexia, pero también que no afecta tanto a los hombres como a las mujeres. ¿Cómo te afectó a ti?
Afecta a todo el mundo. Aunque ahora con las redes se ha magnificado, toda la vida lo hemos tenido presente. Son esas típicas frases que puedes escuchar al cruzarte a alguien tras un tiempo sin verte, como “joder, has pillado unos kilitos”, posiblemente en tono sorna, o “estás más delgado y más guapo”. Siempre los comentarios sobre el aspecto físico de una persona van en una dirección u otra, pero siempre asociado al peso, incluso asociado al bienestar, que puede tener cierta relación, pero no se hace en ese sentido sino en el del aspecto. Además ahora con las redes sociales ya no opina solo tu entorno, opina mucha gente, sobre todo si tienes muchos seguidores. Gente que opina continuamente sobre tu aspecto. Y yo siempre era “el gordito de Los Chikos del Maíz”, además yo iba pelado y con barba, que con veintipocos años parecía que tenía 40.

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Entonces empiezas a cambiar, te dejas el pelo más largo, adelgazas, te empiezas a ver más guapo… Y cuando en tu vida no te has sentido ni un mínimo de atractivo, cuando en tu vida has tenido miles de inseguridades, cuando siempre te has sentido el feo o el gordito en tu grupo de amigos, pues llega un momento que empiezas a gustarte, los halagos empiezan a nublarte y pierdes el control sobre tus pensamientos y sobre tu cuerpo. Porque es la primera vez en tu vida, con treinta y pico años, que te has empezado a sentir cómodo, en la que has empezado a comprarte ropa de una talla normal, de tiendas en las que antes no podías ni entrar y entonces quieres seguir bajando de tallas y llegar a una S como llegué yo, algo irreal para alguien que mide 1,84 y con una espalda como la mía.

¿Cuánto llegaste a pesar?
La última vez que me pesé antes de empezar a recuperar llegué a los 59 kilos, aunque creo que aún bajé un poquito más de ahí.

Sobre esto de los comentarios, también resaltas en el libro esas frases de la gente cuando te veían flaco y tú ya querías recuperar peso, que las resumes en el comentario de “cómete cuatro kebabs y ya verás cómo engordas”. ¿Crees que es falta de empatía o falta de conocimiento de lo que significa una enfermedad como la anorexia?
Yo creo que parte es falta de conocimiento, ya que en muchas ocasiones cuando me hacían esos comentarios tampoco sabían por lo que estaba pasando. Ahora hay mucha gente que me dice “yo ya me olía algo”… pero no actuaban en consecuencia. No es algo que la gente no lo entienda como algo normal. Te pueden ver mal, te pueden ver delgado pero no es algo que la gente valora como una enfermedad, que en este caso es una enfermedad mental que afecta mucho al tema físico. Por eso es una falta total de conocimiento. Si esto fuera más entendible por la sociedad no se harían tanto este tipo de comentarios. Yo pongo ese ejemplo en el libro, que tú a un yonki, un perfil del que hemos tenido mucho en el barrio y es mucho más visible, no irías y le dirías “hey hermano, deja la jeringuilla y pásate al speed que es más barato y es menos adictivo”. Sé que que es exagerado, pero es un poco así. Yo he comprobado que el hecho de engordar es muy difícil, de hecho todavía me sigue costando con mucha comida y ahora creo que he perdido un poquito de peso. Es muy difícil y te crea una especie de trauma ver que no lo consigues. Pero al final es falta de conocimiento. Si la gente supiera algo más sobre esta enfermedad, no haría esos comentarios porque sabría que no es nada positivo.

Toni Mejías en una entrevista con en 2019.

En el libro hablas en pasado cuando te refieres a la enfermedad. Pero también en el último capítulo explicas que ya nada volverá a ser igual. ¿Hablas con firmeza de la enfermedad como algo que ya ha pasado? ¿Cómo lo ves ahora?
Hablo en pasado porque las historias y lo que cuento son del pasado, pero de la misma manera en ese capítulo digo que ya nada será igual porque hay muchos hábitos y peleas internas que siguen. Sigo teniendo mucha mala relación con algunas comidas. Con el tema del alcohol me sigo sintiendo mal si me tomo más de dos cervezas, mi cabeza sigue muchas veces pensando en compensar calorías… O sea, tengo una batalla interna casi diariamente para alimentarme. Muchas veces tengo que alimentarme sin apenas querer o sin apenas poder, pero porque sé que lo tengo que hacer. Por lo que he estado viendo en mucha gente, es una enfermedad que se puede alargar, si no es por el resto de tu vida por lo menos por muchos años. Tienes que vivir con ello. Muchas personas también me han dicho que lo han podido superar por completo, pero sigo contando calorías y me sigue ocurriendo cuando me planto delante de algunos alimentos como el bacon.

Nos acabamos de comer un bocadillo con bacon, ¿acabas de tener ese debate interno?
Sí. Tengo que hacer un esfuerzo para comerme un bocadillo que antes ni me lo hubiera planteado. Y a lo mejor luego llegaría un momento que a la hora de cenar mi cabeza hubiera pensado que hoy ya he comido bacon… mi cabeza lo hace de manera automática. Ahora tengo las herramientas y el conocimiento para poder seguir adelante. Antes no. Antes me hubiera comido ese bocadillo y estoy seguro de que ya no hubiera comido nada más en todo el día.

Esta enfermedad, que es del primer mundo porque somos los que podemos permitirnos no comer, va relacionada con la vida que tenemos ahora

En el libro también dices que “la anorexia va relacionada, muchas veces, con el perfeccionismo” y tú insistes mucho en tu libro en que eres una persona obsesionada con el control de todo a tu alrededor y con controlar el tiempo. Más allá de tu caso personal, ¿Qué relación crees que hay entre esa obsesión, nuestra cultura capitalista y cómo se nos educa?
Claro, esta enfermedad, que es del primer mundo porque somos los que podemos permitirnos no comer, va relacionada con la vida que tenemos ahora. Esa vida frenética donde parece que tienes que hacer de todo, en la que tienes que ser productivo 24 horas, en la que tienes que aprovechar todo el tiempo, en la que tienes que ver todas las series del mundo, leerte todos los libros del mundo y creo que sí que hay mucha relación en eso. Tienes que tener controlado todo tu tiempo, porque todo tu tiempo tiene que ser de provecho. No nos podemos permitir estar en el sofá y tocarte la huevada. Si me despierto a las cinco de la mañana que no se me ocurra tirarme en el sofá a ver si consigo dormir otra vez, te tienes que poner a leer un libro o a hacerte un curso online. Sí que tiene que ver con la imposición que nos han hecho desde la sociedad de ser productivos y de llenar nuestro tiempo.

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Además, comento mucho en el libro el síndrome del impostor, que en mi caso también tiene un componente cultural. Cuando vienes de determinada clase social que sientes mucho ese “esto no es para ti”, al llegar a ciertas posiciones en tu vida, como ser periodista, tener un grupo con relativo éxito o publicar un libro, piensas en ese “esto no es para ti” y que estás ocupando un lugar que no te pertenece. En ambos aspectos tiene un componente social y de la vida que te imponen.

Creo que en esta enfermedad puede caer cualquiera que en su vida tenga inseguridades y falta de autoestima

Vuelvo un poco a la primera pregunta. Da la impresión que si un tipo que se pone delante de miles de personas desde un escenario y con unos ideales tan marcados y potentes ha caído en esta enfermedad, puede caer cualquiera.
Sí, pero tampoco quiero separarlo, ya que yo siempre he tenido muchas inseguridades antes de subirme a un escenario. Otra cosa es que me he construido un espacio y una capa en la que me siento confiado y me siento poderoso, por así decirlo. Pero yo en los camerinos he tenido muchos miedos, antes de sacar una canción he tenido miedos e incluso me ha llegado a generar alrededor de la música un ambiente autodestructivo. No es todo lo que se ve en un escenario o en mis letras, solo que ahí me he construido un espacio donde me siento fuerte. Pero claro que creo que en esta enfermedad puede caer cualquiera que en su vida tenga inseguridades y falta de autoestima. Esto al final es no ser feliz contigo mismo. No quererse. O más que no quererse, es no aceptarse. En el momento que tú no te aceptas, corres el peligro de tener una mala relación contigo mismo que puede ser una anorexia, engordar u otro tipo de enfermedades.

Ese “no ser feliz contigo mismo” me recuerda a esa parte del libro donde explicas que no se lo estabas contando a nadie, hasta que decides ir a una psicóloga y en la primera sesión arrancas con esa frase, “no soy feliz”, y ahí encuentras una vía de escape donde lo sueltas todo. Explicas que la sesión se te pasa volando contando todo lo que antes no habías contado. Volviendo al tema de la masculinidad, los hombres no contamos nuestros problemas.
Sí, a los hombres esto nos ocurre mucho más. Incluso en ambientes familiares. Yo tengo en cierto modo una vergüenza personal que me sigue un poco: mi padre y mi hermano se han enterado de lo que me ocurría por el libro. Con esto te cierras mucho, te cierras en banda, cortas relaciones, si te hacen un comentario sobre tu físico lo rechazas y te vuelves un poco irascible y te acabas creando tu hueco. Y no es que esas personas no tengan preocupación por ti o no vean cosas, pero es que tú te cierras en banda. Es verdad que, sobre todo los hombres, tenemos muchas veces una falta de comunicación y de contarnos las cosas que es un problema. De hecho lo han conocido a través del libro y tampoco es que nos haya permitido entablar una conversación extensa sobre el tema. Muchas veces tenemos problemas de comunicación entre amigos y entre familiares que parece que nos de vergüenza contarnos las penas. Es un problema de educación, de que se nos enseñe a no mostrar debilidades y problemas. Luego te sientas delante de una psicóloga y te abres como no te has abierto con nadie. Ahí es cuando te das cuenta de la cantidad de cosas que tienes en la cabeza. Es algo de lo que no me siento orgulloso, pero muchas veces, cuando estás así, te cuesta hablar porque no tienes ni idea de cómo expresarlo. Es jodido porque sabes que tus padres se preocupan y no ha habido dejadez ni mucho menos. Te sabe mal que ellos puedan llegar a sentir que no han estado ahí para apoyarte. Con amigos me ha pasado lo mismo. Me han venido tras ver el libro y me han dicho que les sabe fatal no haber estado ahí para apoyarme, pero es que realmente he sido yo el que no les ha permitido estar ahí.

El libro tiene un formato con capítulos cortos y con un lenguaje muy llano y personal, perfecto para llegar a gente joven que puede estar en la situación que tú has pasado. ¿Qué le dirías a un chico joven que puede estar reconociéndose cuando lea el libro o esta entrevista y pueda sentir también esos mismos miedos que tú has tenido?
Es complicado. Hay gente que me escribe por privado en redes y me pide consejo. Yo lo primero que les digo es que no soy un libro de autoayuda, porque incluso no he sido capaz ni de ayudarme a mí mismo.

Hombre, tú lo das por pasado, o sea que alguna cosa sí que has conseguido.
Por pasado algunas cosas, pero sigo teniendo mis peleas constantes diarias. Pero bueno, lo primero que le diría sería que reconozca el problema, que empiece a aceptarse y sobre todo que sepa que, aunque esté metido en este problema, se puede ser feliz y se puede vivir bien dentro de la enfermedad mientras se termina de buscar una salida. Y además que no se aísle, que lo comparta. Porque siempre que compartes los problemas personales y les buscas una salida en grupo, ya sea con tus amigos, familia o tu comunidad, ya no es que sea mejor, sino que además, la salida es más rápida. 



Yago Álvarez Barba

El Salto

Créditos a la foto de cabecera: Toni Mejías, autor de Hambre y componente de Los Chikos del Maíz. / Imágenes de cabecera y reportaje de David F. Sabadell

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