Ciudadanos: anatomía de una burbuja política

¿Qué pasaría si hiciéramos el ejercicio de analizar la trayectoria de Ciudadanos utilizando como guía la arquitectura típica de una crisis financiera? ¿Qué será de Ciudadanos después de la sacudida política provocada por la moción de censura que ha presentado con el PSOE en Murcia?

Se atrevió Pau Donés en su famosa oda al relativismo a cuestionar aquel principio de la Física de que “todo lo que sube, baja; de abajo a arriba y de arriba a abajo”. La historia nos enseña, precisamente, que no siempre es así y que hay cosas que ascienden y se consolidan. Pensemos, si no, en este sistema económico que hemos venido a denominar “capitalismo” y al que tantas veces se ha augurado un final que, refundación tras refundación, bien pareciera que nunca va a llegar.

Sí podríamos decir, sin embargo, que todo aquello que sube de forma anormal suele terminar por caer y que, además, suele hacerlo de forma abrupta. Así ocurre en los procesos de “burbuja financiera”, desde la burbuja de los Mares del Sur del siglo XVIII hasta el caso reciente de GameStop. Quizá también sea eso lo que terminó de culminarse la noche del 14 de febrero de 2021, con el descalabro de la formación política aún conocida como Ciudadanos. La historia económica también nos enseña que una caída, da igual lo dramática que sea, no es definitiva y, sobre todo, que hay cosas especialmente susceptibles de reproducir comportamientos “burbujiles” de forma sostenida en el tiempo.

¿Qué pasó para que unos jóvenes resultones, armados con una oratoria machacona de liga de debate universitaria, que lideraron un proyecto para muchos ilusionante, logrando un ascenso meteórico en la política catalana y española, se dieran tal batacazo? ¿Cuál será el futuro de la formación después de la jugarreta que ha hecho al PP en Murcia de la mano del PSOE y la gran agitación política que ha provocado? En las siguientes líneas sugiero pensar en Ciudadanos como un “partido burbuja.”

¿Culo o codo?: ¿Burbujas financieras o burbujas políticas?

Para comenzar, propongo un juego: a continuación, podéis observar cuatro imágenes enumeradas del 1 al 4, que corresponden a cuatro gráficos que reflejan la progresión de una serie de valores ordenados cronológicamente. Los gráficos están deliberadamente cegados, para no saber qué variables se representan en los ejes de cada uno de ellos.

Algunos de los gráficos representan movimientos de valores en un proceso de burbuja financiera. Otros representan los resultados de Ciudadanos en distintas contiendas electorales desde la fundación del partido. ¿Burbuja financiera o política? ¿Cuál es cuál? Tendréis que esperar al final para ver las respuestas correctas.

Anatomía de una crisis financiera

En el verano de 1931, Charles P. Kindleberger, entonces un estudiante de Economía en la Universidad de Pensilvania, recibió una beca para asistir a una serie de seminarios que se impartirían en la Graduate School for International Studies de Ginebra (Suiza). Esa escuela de verano acostumbraba a organizarla el intelectual y diplomático español, Salvador de Madariaga. Unos años más tarde, Madariaga iniciaría su camino hacia el exilio, vislumbrando en el horizonte una “tercera España” liberal y europeísta—y elitista; y burguesa. En paralelo, Kindleberger comenzaría una exitosa carrera como economista llegando, entre otras cosas, a influir ampliamente en el diseño del Plan Marshall.

En el año 1978, el año en que falleció Salvador de Madariaga, Kindleberger publicó su libro Manias, Panics and Crashes:  A History of Financial Crisis, de lectura habitual en cualquier curso de historia económica. Kindleberger desgranó en el segundo capítulo de este libro lo que, siguiendo un modelo planteado por el economista Hyman Minsky, se podría entender como la “Anatomía de una crisis típica”. Una crisis financiera, según Minsky y Kindleberger, constaría típicamente de una sucesión de eventos,

En primer lugar, una situación externa (que puede ser una invención, una guerra, un cambio regulatorio…) produce un corrimiento de tierras que genera nuevas oportunidades en un sector y una movilización de recursos hacia él. Esta es la fase de “desplazamiento”. Por ejemplo, la primera burbuja de la deuda soberana, que tuvo lugar en la década de los 1820, se fraguó por la “invención” de muchos nuevos países —es la época de los procesos de independencia en América Latina, aunque también de Grecia, entre otros— que, a su vez, se puede entender que nacieron del terremoto que provocaron las guerras napoleónicas y, en concreto, la ocupación francesa de la Península Ibérica.

A la sacudida inicial le seguiría un momento de “auge,” o “boom” caracterizado por un gran optimismo respecto a las ganancias futuras del sector. A más optimismo, más recursos se quieren dedicar a comprar activos, los bancos canalizan crédito hacia esas compras, engrasando el mecanismo para que la noria siga girando… y gira la noria… y gira…

Tras esta segunda fase, y con la noria girando a gran velocidad, llegamos a un momento de “euforia” aún más especulativo que el anterior, que Kindleberger identifica con “overtrading” (una negociación frenética y excesiva del activo). En esta fase ves a tu vecino, que siempre has pensado que es un imbécil, ganando mucho dinero con la compra de unos papelitos. Así que tú, que eres mucho más listo que él, también vas a hacerlo. La actividad que se genera es enorme e incesante, con los bancos repartiendo crédito a espuertas. Se piensa que los precios seguirán al alza. Sostenidamente.

Al generarse tantas expectativas sobre lo rentable que va a ser la compra de ciertos activos, su precio se ha disparado, dejando este de ser una aproximación al verdadero valor de las cosas. Estamos metidos de lleno en una burbuja. Aquí ya hay muchísima gente normalmente ajena a los devenires del mercado entrando en él. Si los conocedores del mercado (los “insiders”) se percatan de esta situación, se desharán de sus posiciones rápidamente. Esta es la cuarta fase, la de verle las orejas al lobo.

En quinto lugar está la fase de “pánico”: con el ambiente enrarecido y enfriado, las ventas empiezan a generalizarse. Y de la misma forma que se compró, se empieza a vender compulsivamente. Los precios cada vez son más y más bajos, y con esos precios a ver cómo consigue uno el dinero, que esperaba obtener vendiendo sus tan valiosos activos, para devolvérselo al banco que se lo prestó para comprarlos. Empiezan las quiebras. Los bancos, viendo que no consiguen pagar sus cuentas mientras no le devuelven el dinero que ha prestado, dejan de prestar. Todo esto, el pinchazo de una burbuja, deriva en un “crack” o una crisis financiera que, como Minsky demostró, se traslada a la “economía real” por la vía del crédito.

Ahora bien, ¿qué pasaría si hiciéramos el ejercicio de analizar la trayectoria de Ciudadanos utilizando como guía la arquitectura típica de una crisis financiera proyectada por Minsky y Kindleberger?

Desplazamiento: del Estatut al procés, pasando por el 15-M

El emérito rey Juan Carlos firmó un 19 de julio de 2006, tras mucho revuelo, la Ley Orgánica 6/2006, que reformaba el Estatuto de Autonomía de Catalunya. Diez días antes se había fundado un nuevo partido político: Ciudadanos/Ciutadans. Cuatro años más tarde, el Tribunal Constitucional derribaría parte del Estatut, dando el pistoletazo de salida al procés. En medio, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en 2008 y el “crack” financiero que provocó, que más tarde transmutó en una brutal crisis económica—especialmente notable en el sur de Europa—, pusieron el foco sobre los “problemas estructurales” que atravesaba la economía española y la necesidad de lidiar con ellos. El 15 de mayo de 2011, un grito colectivo aseveró que los “problemas estructurales” se derivaban, principalmente, de un sistema económico injusto y de la incapacidad del sistema político bipartidista español de representar los intereses de unas mayorías que ahora estaban dispuestas a organizarse para hacer de su país una democracia, que no lo era.

Estos terremotos políticos permitieron proyectar la posibilidad de que aparecieran nuevos movimientos políticos, transversales y no alineados con los grandes partidos tradicionales, que serían el clavo ardiendo al que agarrarse en tiempos borrascosos

Estos terremotos políticos permitieron proyectar la posibilidad de que aparecieran nuevos movimientos políticos, transversales y no alineados con los grandes partidos tradicionales, que serían el clavo ardiendo al que agarrarse en tiempos borrascosos. Las banderas—la del independentismo y la de la unidad de España—se convertían en otro asidero.

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Sin embargo, ninguno de estos “desplazamientos” lanzó inmediatamente a Ciudadanos, que cosechó escasos 3%-3,5% de votos en las elecciones catalanas de 2006 y 2010 y un 7,68% en las de 2012. En las elecciones generales de 2008, Ciudadanos apenas llegó a los 46.000 votos y en 2011 optaron por dejar a UPyD canalizar en solitario el entusiasmo por una salida “sensata” a la crisis política y económica, que pasaría por un regeneracionismo democrático, una recentralización del Estado y una reforma económica que eliminaría los privilegios de quienes los tenían (por ejemplo, de los trabajadores con contrato indefinido, cuyo privilegio derivaba de la excesiva indemnización que recibían en caso de despido).

Boom: la política cotiza muy al alza

El 15-M hizo que muchas personas que hasta ese momento asumían que las cosas eran como eran—y que estas no podían ser diferentes—cambiaran de parecer. Se politizaron y, al hacerlo, unas optaron por adherirse a organizaciones de base o movimientos sociales, otras apostaron por dejarse seducir por sujetos políticos institucionales alternativos, y otras dejaron una pata en cada lugar. En la esfera institucional, la irrupción de Podemos, con un exitoso blitz en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, resquebrajó de forma irremediable el bipartidismo. Pareció entonces que votar volvía a ser útil para, al menos, asustar con el hecho de que las cosas podían cambiar. También, los votos se tornaban útiles para evitar que cambiaran demasiado. En definitiva, votar y ser votado cotizaban al alza.

Los “listos”, que habían visto cómo el “vecino tonto” había dado un pelotazo con aquello de los votos, quisieron su parte del pastel. En verdad, eso significaba conservar el pastel entero. Había pasado solo un mes desde las elecciones europeas cuando Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell y tan catalán como Ciudadanos, llamaba a filas: se debía promover un Podemos de derechas, un partido que aprovechase el calentón político del momento pero que se tomase en serio la defensa de la iniciativa privada y que dijese “basta ya” a la regulación de los mercados que, como se pudo comprobar con la crisis de 2008, no funcionaban lo suficientemente a su antojo. Apostar por un nuevo proyecto político con estos parámetros podía proporcionar grandes réditos a corto y medio plazo.

Solo a partir de entonces los ciclos electorales empezaron a sonreír de verdad a Ciudadanos que, en las elecciones “plebiscitarias” de septiembre de 2015 al Parlamento de Catalunya, logró situarse como el principal partido de la oposición al procesismo, recabando casi un 18% de los votos.

Excesos culinarios: los medios y el tocino

Gracias a Ciudadanos descubrimos que los datos de los sondeos electorales se cocinan como las lentejas, y que unos medios lo hacen a fuego lento y otros en olla exprés. A las elecciones generales de 2015 acudía el partido con unas expectativas por las nubes. La negociación del valor Ciudadanos era ya frenética, y todos los que tenían alguna clase de interés en su ascenso procuraron que no parase la fiesta. Los editoriales de los periódicos de mayor tirada se deshacían en elogios ante un partido que era fresco como una lechuga, pese a que ya se cumplían nueve años desde su fundación, y le auguraban un futuro muy prometedor. ¿Una moda? ¡Qué va, Ciudadanos era mucho más que eso!

En 2015, los editoriales de los periódicos de mayor tirada se deshacían en elogios ante un partido que era fresco como una lechuga, pese a que ya se cumplían nueve años desde su fundación, y le auguraban un futuro muy prometedor

 El problema es que, como decía Krahe, “el cocido, cuanto más bueno, más te atocinas” y, quizá, en este caso la cocina se pasó un poco de buena. El partido conseguiría en las elecciones muchos menos votos que aquellos que las encuestas nos hicieron esperar. Con todo y con eso, rondaron un nada desdeñable 14% del total de los votos emitidos (cerca de 3,5 millones de apoyos a nivel nacional).

Dos años más tarde, a los dos meses del referéndum por la independencia de Catalunya del 1-O, Ciudadanos se convertía en la candidatura más votada en las elecciones al Parlament, con más de 1,1 millones de votos. En siete años, el partido naranja había multiplicado por 10 su base electoral en su lugar de origen, consiguiendo concentrar, en gran medida, las simpatías de una parte de la polarizada sociedad catalana y las antipatías de la otra.

Peligro: las orejas de un lobo con piel de cordero

En 2019, Ciudadanos llegó a su punto de inflexión, ese punto en que su curva pasó de cóncava a convoxa (perdón por el chiste). La nueva “tercera España”, que se decía sucesora de la de Salvador de Madariaga, aquella que vendría a superar definitivamente la división entre “rojos y azules” y entre “izquierda y derecha”, y que durante un tiempo consiguió crear una apariencia de “centralidad sensata”, se colocó bien delante, en primera fila, en una instantánea en la Plaza de Colón que dejaría al partido en una difícil reconciliación con parte de su discurso, con parte de su base electoral, y con parte de sus figuras más relevantes. En competiciones por ponerse firme y sacar pecho, la derecha más rancia suele ganar.

En el lapso entre la famosa foto de Colón y el hundimiento de Ciudadanos en las elecciones al Congreso de los Diputados de noviembre de 2019 pasaron varias cosas, probablemente más importantes que la dichosa foto. Si bien Ciudadanos consiguió un magnífico resultado electoral en abril, llegando a un pico de 4,1 millones de votos, este no sirvió para que Rivera relajase su versión machirula del “no es no” a Pedro Sánchez. Eso dejó el terreno labrado para que pasase aquello para lo que realmente se había inflado a Ciudadanos, y que estos habían olvidado: evitar que Podemos entrase en el gobierno.

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En este periodo de confusión, algunos quisieron prolongar la fiesta, pensando que el partido seguiría cotizando al alza. De la misma forma que en 2007 hubo quien compró vivienda como inversión cuando no tocaba, algún incauto—un ejemplo es el ex Presidente de la Comunidad de Madrid con el PP, Ángel Garrido—se subió al carro de Ciudadanos en este momento. Otros más avispados, como Toni Roldán o Javier Nart, optaron entonces por tomar la puerta de salida, logrando así mantener su capital político intacto. También rompería lazos con el partido Manuel Valls, un especialista político (un insider). Cuando se acercaba la repetición de elecciones en noviembre, las encuestas, esa mano que dio de comer a Ciudadanos allá por 2015, contribuyendo a su ascenso, se la echaba esta vez al cuello; pronosticaban su debacle.

Pánico: reventando burbujas a adoquinazos

Fue entonces cuando a Albert Rivera, el Doraemon de la política, se le ocurrió que era una gran idea sacar un adoquín de su bolsillo mágico durante un debate que estaban viendo millones de personas. No deja de ser llamativo el contraste entre la imagen de Rivera en pelotas promocionando una formación política recién nacida, transmitiendo frescura y transparencia, y aquella de un Rivera trajeado y cargado de artilugios, sepultando bajo losetas grises de cemento hidráulico la exitosa trayectoria política de la formación. Con la misma previsibilidad con la que aparecieron todo tipo de memes con la ocurrencia del adoquín llegaron los resultados de las elecciones y, con ellos, la caída en picado de Ciudadanos, que se quedó con tan solo 10 diputados y 2,5 millones de votos menos que siete meses atrás.

Con la misma previsibilidad con la que aparecieron todo tipo de memes con la ocurrencia del adoquín llegaron los resultados de las elecciones y, con ellos, la caída en picado de Ciudadanos, que se quedó con tan solo 10 diputados y 2,5 millones de votos menos que siete meses atrás

Tras el batacazo, el líder decidió centrarse en otras labores, como la de padre que se hace el longuis cuando toca cambiar pañales, así que se retiró temporalmente del negocio. Junto a él salieron José María Villegas, Fernando de Páramo, y seguro que alguno más. Los más agresivos y radicalizados del partido, comandados por Juan Carlos Girauta y por un multimillonario al que habían nombrado hacía un año portavoz económico de Ciudadanos, S. A., rompieron sus títulos valores de la empresa, ya de escaso valor, cuando Inés Arrimadas, llamada a amortiguar la caída, dio un sí —es indiferente para qué fuera—a Pedro Sánchez. El toque de corneta estaba dado: quien saliera el último pagaba la cuenta de la fiesta. Así, a finales de diciembre, Lorena Roldán decidió desvincularse de Ciudadanos para irse de after al PP.

En esas llegaron las elecciones del 14 de febrero y la histórica bajada de 36 a 6 diputados de Ciudadanos, que significó poco más que la certificación de que las burbujas, también en política, acaban por pincharse.

Después de la tormenta…

Habitualmente, pasada una crisis financiera, y más allá de los potenciales efectos dramáticos que estas puedan tener cuando hay transmisión a la economía real, aquel activo cuya burbuja se ha pinchado vuelve a una situación de cierta normalidad. De esta forma, los precios de ese activo suelen retornar, en media, a posiciones similares a las que ocupaban antes de la burbuja.

Si entendiéramos a Ciudadanos como un partido que “los mercados” inflaron, aprovechando un momento de calentón político, para apuntalar el orden surgido en la Transición y afianzar un sistema económico al que se le empezaban a ver las costuras, solo nos quedar sentarnos a ver cuál es el futuro que “los mercados” deparan al partido.

En la relativa vuelta a la normalidad que parecíamos vislumbrar antes de la moción de censura presentada en Murcia y el efecto dominó que ha provocado, sus votantes volvían mayoritariamente a las derechas, algunos funambulistas seguían peleando por mantenerse en la fina línea del centro político y otros ensoñaban la enésima refundación de un proyecto liberal en España. Por cierto, difícil causa esta última, la liberal, desde el momento en que el franquismo y el consenso de la Transición se esforzaron en aniquilar cualquier posible reivindicación del siglo XIX español, un siglo exitosamente liberal construido en cierta medida desde el exilio de los Toreno, Alcalá Galiano o Mendizábal en París o Londres.

Salvador de Madariaga, liberal y exiliado, no quiso verse en el espejo de sus pares del siglo XIX y optó, más bien, por la nostalgia de una España imperial y en auge. Ciudadanos, aspirante a heredero, tampoco ha hecho mucho esfuerzo por hacer de aquellos liberales exitosos su modelo, cayendo continuamente en lo reaccionario-identitario con ciertas dosis de libertarismo en lo económico, tendencias dominantes hoy en el “liberalismo” patrio. Veremos qué hacen los siguientes aspirantes.

Coda: El eterno retorno de los tiempos borrascosos

Una de las mayores contribuciones de Hyman Minsky a la teoría económica fue identificar cómo la fragilidad del sistema financiero nos aboca a un eterno retorno de las burbujas especulativas, que serían parte indisociable del sistema. Cada nuevo cambio en las expectativas sobre el futuro, según Minsky, potencialmente desembocaría en una nueva crisis, en una especie de ciclo interminable de altibajos.

El covid-19 ha puesto de manifiesto de forma muy dolorosa la fragilidad de nuestras estructuras políticas, económicas y sociales y nos ha llevado a una situación de incertidumbre que, a día de hoy, nos parece infinita. La incertidumbre, como bien saben los especuladores, es caldo de cultivo de nuevas oportunidades—financieras y políticas. El “desplazamiento” provocado por la pandemia seguramente nos esté ya dirigiendo hacia un futuro nuevo ciclo especulativo. El juego de malabares que se está produciendo actualmente entre adelantos electorales y mociones de censura a nivel autonómico nos hace intuir que ya estamos inmersos en un nuevo escenario de auge político. ¿Cuál será la siguiente burbuja? ¿Qué será, entonces, de Ciudadanos?



Alberto Gamboa

El Salto

Créditos a la foto de cabecera: imagen de la cuenta de Twitter de Albert Rivera, ex líder de Ciudadanos.

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