“Están creciendo mucho y son muy agresivos”: los negacionistas de la pandemia se hacen fuertes en Twitter

La comunidad que difunde las teorías de la conspiración y tacha de “farsa” el COVID-19 aumenta su beligerancia contra el resto de usuarios y contra los periodistas e investigadores que la señalan. En agosto, un usuario fue detenido por amenazas e incitación al odio.

“Libertad: No a la mascarilla obligatoria, no al confinamiento, no a la vacuna”, se leía en la pancarta que portaba un asistente que acudió este sábado a la protesta contra las medidas destinadas a frenar el avance del coronavirus en España. Los negacionistas de la pandemia volvían a concentrarse, esta vez en Madrid. Trece personas fueron detenidas por no llevar mascarilla, informó la Delegación de Gobierno, que ordenó a la Policía que impidiera la concentración de manifestantes en la Puerta del Sol, como pretendían los organizadores, puesto que nadie había pedido autorización para ello. La protesta se organizó de manera informal a través de las redes sociales.

La comunidad de negacionistas de la pandemia capta cada vez más atención en las redes españolas. No es mayoritaria, pero sí muy dinámica a la hora de buscar explicaciones y responsables del virus. Tiene respuestas de todos los sabores. Desde un ataque bioquímico orquestado por China, pasando por una jugada de las farmacéuticas para vender vacunas mientras ocultan la efectividad de los remedios caseros, a una estrategia de las élites para imponer un nuevo orden mundial, o una oportunidad caída del cielo para que los gobiernos impongan restricciones dictatoriales con una excusa sanitaria. Hay una detallada teoría de la conspiración esperando a todo aquel que reniegue del consenso científico y busque respuestas más estimulantes.

El problema de las conspiraciones sobre el virus que circulan en las redes sociales ha escalado al nivel de suponer una amenaza en sí misma para la salud pública, avisa la OMS. Estas teorías se retroalimentan unas a otras, siempre sobre la línea roja de lo que las plataformas permiten hacer y lo que no. En YouTube están prohibidos los contenidos que niegan la existencia del coronavirus o venden tratamientos milagro sin respaldo médico, pero no es difícil encontrar ufólogos, antivacunas o influencers de extrema derecha replicándose unos a otros y captando mucha atención con vídeos negando el COVID-19 o sus efectos. Algo muy similar está ocurriendo en Facebook: “Aunque son grupos pequeños e ideológicamente marginales, los mecanismos de las redes sociales los convierten en centrales”, avisó un estudio publicado en la revista Nature que analizó la actividad de los antivacunas en esa red social.

La Policía detuvo en agosto a R. C. F. , @eldoctorpapaya en Twitter. Está acusado de usurpación de funciones públicas, amenazas, incitación al odio, a la violencia, delito contra la integridad moral a través de las redes sociales y calumnias contra autoridades y funcionarios públicos.

Poco a poco, los especialistas atestiguan que estos patrones se repiten en todas las plataformas. Uno de ellos es la belicosa reacción cuando son señalados. “Están creciendo mucho y son muy agresivos”, explica a elDiario.es Mariluz Congosto, doctora en Telemática e investigadora especializada en la difusión de mensajes en Twitter de la Universidad Carlos III. La experta ha analizado recientemente cómo se relacionan las comunidades de negacionistas en esta red social y ha recibido una furibunda reacción por sacar a la luz sus interconexiones y los argumentos que comparten los diferentes grupos.

Coincidiendo con en el estudio publicado en Nature, Congosto expone que “los negacionistas son transversales”, no tienen un nicho propio. También aprecia que “la creencia en teorías de la conspiración genera reacciones más radicales que las reacciones por ideología”, agriando aún más una conversación política online ya de por sí muy marcada por la polarización.

La comunidad de un negacionista detenido: “El 78% son conspiranoicos y el resto de derecha radical”

Twitter es un ovillo de interconexiones entre miles de comunidades de usuarios. Una maraña que se puede desentrañar si existe un hilo del que tirar. En el caso de los negacionistas de la pandemia españoles ese hilo fue R. C. F., un hombre de 38 años, detenido el 28 de agosto en un pueblo de la provincia de Zaragoza por publicar mensajes agresivos contra políticos y sanitarios en Twitter. El juez lo puso en libertad con cargos al día siguiente, informa El Heraldo de Aragón.

R. C. F., alias @eldoctorpapaya en la red social, está acusado de delitos de usurpación de funciones públicas, amenazas, incitación al odio, a la violencia, delito contra la integridad moral a través de las redes sociales y calumnias contra autoridades y funcionarios públicos. Se identificaba en Twitter como parasitólogo del Instituto de Salud Carlos III “despedido por explicar la farsa covid”. Entre sus publicaciones había mensajes como: “Todo esto se solucionaría con un tiro en la nuca a Pedro Sánchez”; “Al colegio de médicos hay que prenderle fuego y punto”; “Si no tuviera padres, hace meses que habría matado a un covidiota. Son gente ignorante y mala que merece morir”.

La Policía fue más rápida en detenerlo que Twitter en cerrar su cuenta. @eldoctorpapaya tenía algo menos de 10.000 seguidores en el momento de su arresto. No tantos como para destacar en el océano de la conversación sobre coronavirus en España, pero más que suficientes estudiar cómo se relacionan entre ellos. La tardanza de Twitter en cerrar su cuenta permitió a Mariluz Congosto descargar su red de seguidores y analizar quién veía y compartía los mensajes de R. C. F. (este tipo de datos son públicos). “Su red de contactos muestra cuatro grupos”, encontró la investigadora. Dos de ellos, entre ellos el más numeroso, se componían de perfiles “del entorno conspiranoico”. Los otros, “de posiciones radicales de derechas”.

Los grupos de usuarios afines, como los que aparecen en la comunidad de seguidores de R. C. F., se conforman con un algoritmo que analiza las interconexiones entre ellos. “El 78% de los seguidores son conspiranoicos y el resto de posiciones de derecha radical”, expuso Congosto en un hilo en Twitter. La investigadora subió un archivo con los perfiles de referencia en cada uno de esas cuatro comunidades. Entre los negacionistas destacaban cuentas como “No a la nueva normalidad” o “La única vacuna es apagar la televisión”. En el grupo próximo a las posiciones de extrema derecha “aparecen muchos simpatizantes de Vox”, destacó.

“Este es tan solo el análisis de una cuenta de este tipo y con estos datos no podemos afirmar nada contundente. Hay que analizar más perfiles para ver coincidencias”, avisaba la investigadora, quien este fin de semana llevó a cabo un nuevo análisis para continuar el estudio. Tirando una vez más del hilo del @eldoctorpapaya, Congosto analizó la comunidad de uno de sus seguidores más relevantes, @gonzo_blogger, un perfil que aprovechó el confinamiento para difundir teorías de la conspiración y ganar relevancia en la red social.

En este caso también apareció un diverso elenco de grupos de tendencia conspiranoica (hasta seis comunidades diferenciadas), aunque a diferencia de lo que ocurría en la cuenta del detenido R. C. F., entre los seguidores de @gonzo_blogger Congosto no halló un grupo definido de usuarios cuyo nexo fuera una determinada ideología. Un dato que sí destaca en el análisis de la investigadora es que casi un cuarto de sus seguidores, el 24,6%, son cuentas creadas en este 2020 y que se centran en comentar las distintas teorías de la conspiración que niegan la pandemia.

“Seguiré analizando más casos para ver si se siguen los mismos patrones y observaré sobre todo a los perfiles nuevos y cuentas reutilizadas por su hubiera ruido. Por ahora es pronto para sacar conclusiones”, ha vuelto a concluir la investigadora.

El acoso a una periodista: “Eres una agente del Nuevo Orden para destruirnos”

Documentar algunas de las comunidades negacionistas en España le ha valido una tormenta de insultos y acusaciones contra la investigadora. Algunos miembros de la red la han acusado de ser una agente a sueldo del Gobierno, mientras que otros han utilizado los términos de moda en esta comunidad para referirse al resto, como “borregos-covidianos” o “covidiotas”. La reacción recuerda a la que sufrió la periodista científica Rocío Vídal en una de las primeras manifestaciones de negacionistas en Madrid, donde fue rodeada y acosada hasta que tuvo que abandonarla.

“No te enteras, te crees todo. O eres tonta o una agente del Nuevo Orden Mundial para destruirnos. Quieres que la gente se muera asfixiada”, increpó uno de los convocantes a la periodista, que gestiona el canal de YouTube La Gata de Schrödinger, donde hace divulgación científica, centrado en el desmentido de bulos y creencias seudocientíficas. “Hay un tipo de influencer conspiranoico que se ha visto impulsado con la pandemia”, avisaba Vidal días antes del incidente.

La multiplicación de las teorías de la conspiración y de las personas que las defienden, dando la espalda a los consensos científicos, está siendo estudiada como una línea de investigación paralela a la pandemia. La OMS ha acordado denominar a este campo de estudio “infodemiología”, dado el potencial dañino que tiene para la población.

“Al igual que los patógenos en las epidemias, la desinformación puede extenderse muy rápido y agrega complejidad a la respuesta de las autoridades sanitarias”, detalla la OMS, que convocó una conferencia de 75 expertos internacionales de múltiples campos, como epidemiólogos, tecnólogos, periodistas, psicólogos, politólogos, diseñadores web o matemáticos para estudiar cómo cortar estas cadenas de bulos e impedir que lleguen a afectar a la salud pública. “No debemos culpar a otros por creer en cosas que pensamos que son teorías de conspiración. Necesitamos aceptarlo y entenderlo. Es una reacción humana perfectamente razonable que se basa en una confusión real y en el miedo de lo que ha sucedido en los últimos meses”, pidió David Nabarro, encargado de la OMS para la COVID-19 en Europa, en la jornada de apertura de la conferencia.



Carlos del Castillo

elDiario.es

Créditos a la foto de cabecera: Imagen de Markus Spiske en Unsplash

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