Futuro Terror: te quiero tanto como aborrezco a los fachas

El grupo acaba de publicar ‘Sangre’, un airado y juguetón disco con referencias al amor soviético, los consejos obreros y la alerta contra la extrema derecha.

Amor soviético, consejos obreros y alertas conta el fascismo como “la peste parda asoma de nuevo / tu jefe nuevo es uno de ellos”. Sangre (Humo Internacional, 2020) es el cuarto y posiblemente más pop y explícito disco de Futuro Terror. La banda alicantina de José Pazos, Néstor Sevillano y Óscar Mezquita deja esta vez claro -sin que desaparezca la oscuridad habitual, desde la portada marca de la casa con la siniestra imagen de un cumpleaños del clan Kennedy- que bajar los brazos no es opción en tiempos de urgencia social y política.

Lo hacen, por ejemplo, elevando el ejemplo de jóvenes héroes en la lucha contra los nazis a una altura mayor que la del amor tradicional: “si eres como Zoya en el frente / con una antorcha encendida / qué podría darte yo”. O recordando la historia del boxeador gitano Rukeli, o que en cada carta enviada desde la tinchera también se hablaba de un MañanaApuntando a la pasividad y complicidad con el huevo de la serpiente pero haciéndolo sin sermones, entre melodías clavadas y bases rítmicas buscando tu sudorSangre no es un disco triste y entreguista, sino de racarraca airado y juguetón. Hablamos con José, voz, guitarra y letrista de Futuro Terror, sobre esas y otras cuestiones.

Os ha salido un disco aparentemente más pop que los anteriores.

Hemos evolucionado poco a poco hacia fórmulas un poco más pop y no creo que lo sea mucho más que el anterior, lo que sí que es cierto es que, por cómo está ordenado, los primeros temas son los más poperos y por eso da esa impresión. Pero sí, hay una evolución hacia eso y nosotros lo vemos.

No sé si pueda parecer más ‘político’ que los anteriores, aunque yo no creo que eso suponga tanto cambio, sino que las letras son más explícitas.

Sí es más explícito y está buscado de manera consciente. En un momento así, de auge del fascismo, sí tenía la idea de que fuera un disco antifascista, y para serlo debía ser más explícito. No puede solo entreverse, hay que decir las cosas más claras. Hay muchos personajes que son directamente héroes del antifascismo, como Rukeli, Aleksandr Matrosov o Zoya Kosmodemiánskaya.

Es más explícito y está buscado de manera consciente. En un momento así, de auge del fascismo, sí tenía la idea de que fuera un disco antifascista

Precisamente en Komsomol cruzas la épica de chicos que con 18 o 19 años caen en el frente de la Segunda Guerra Mundial con la pasión del amor.

Es una canción de amor, totalmente. El disco tiene esa transversalidad antifascista, me parecía adecuado comparar a la persona amada con ese valor de los komsomoles, me parecía una cosa bonita.

Sigue habiendo oscuridad, pero donde antes hablabais de misterios como Tres ForquesMaria Orsic o El Paso Dyatlov aquí se abre paso un paisaje algo más realista, más crudo.

Sí que es cierto que estoy consumiendo menos temas así y que me interesaba más hacer un disco antifascista. Aunque sí que grabamos un tema, que está momento en el cajón, sobre “el caso de la mano cortada”. Ahí se mezcla franquismo, nobleza, nazis, espionaje: Margarita Ruiz de Lihory, que consevaba la mano de su hija muerta, tras desenterrarla, para hacer magia negra. Además, había sido espía, es como la Mata Hari española. En una finca suya había refugiado a unos científicos nazis. Una historia loquísima.

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Consejo obrero se la dedicáis “a los que dicen ‘yo no sé nada’”, “a los que se han vendido”, “a los jefes que nos han jodido”. Es donde queda más clara la perspectiva de clase del disco. No es habitual ver esta claridad en los estilos en los que se os puede encasillar, pero tú militas en el Partit Comunista del País Valencià.

Actualmente dentro del partido hay un pequeño sector, La Tercera Internacional del Rock and Roll, con más grupos de música de distintos estilos, como El Gobierno o Las Infrarrojas. En Futuro Terror hay que hacer algún equilibrismo porque yo soy el letrista y soy del Partido Comunista y eso se ve bastante reflejado en las letras. Pero Óscar, el batería, es anarquista, y Néstor no se casa con nadie y no está afiliado, pero es un tío de izquierdas. Somos un pequeño frente popular y eso está guay. Siempre valoro buscar la unidad en frentes populares de izquierda, sobre todo en momentos como este con los fascistas envalentonados.

Paul Heaton, líder de The Housemartins, cuenta que cuando firmaron por un sello no querían un adelanto económico, sino un contrato que les garantizara un sueldo durante tres años. ¿Es difícil alcanzar una conciencia de que el músico es un trabajador?

Tenemos un problema que viene de muy atrás. Yo soy de la teoría de E.P. Thompson de que la conciencia de clase se forma con la experiencia. Cuando la gente no siente como su trabajo lo que está haciendo no puede tener conciencia de clase. Esto lo sienten como su trabajo los cuatro que pueden vivir de ello en este país, pero esos cuatro viven muy bien. Y hay otra cuestión: que el arte es muy difícil de encajar en la teoría del valor marxista. Como no sabemos qué valor tiene el arte, al final se aspira erróneamente a ser genios, a triunfar.

Mi generación, que vivió el punk o el hardcore, experimentó algo bonito, donde nadie pensaba que iba a vivir de esto o a ganar pasta con ello. Había un montón de colegas para poder tocar por todo el país, todos nos ayudábamos, nadie se pisaba. Éramos una pandilla que disfrutábamos de hacer algo que estaba un poco oculto, que era un poco secreto. Yo ahora veo bandas punk que pelean por hacerse un hueco en el circuito de festivales. Ahí, ¿cómo va a encajar la conciencia de clase? Aquí no existe una tradición de derechos laborales de los músicos. No hay ayudas para que puedas vivir de ello cobrando un sueldo como en otros países europeos. Hay sindicatos, pero está todo por hacer.

La conciencia de clase se forma con la experiencia. Cuando la gente no siente como su trabajo lo que está haciendo no puede tener conciencia de clase. La música la sienten como su trabajo los cuatro que pueden vivir de esto

Habéis sido críticos con grandes festivales, que a veces pueden parecer la única manera de sacar algo de pasta tocando. Tú mismo has dicho que el problema no es venderse, sino venderse muy barato. A la vez esos eventos pueden legitimar su imagen ofreciendo una especie de cuota underground.

Totalmente. El de los grandes festivales es un sector de lo peorcito que puede haber. Blanquean marcas, precariedad laboral hasta el punto de que ofrecen ir a trabajar allí a cambio de las entradas del festival, lo tienen todo.

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¿Cómo funcionáis a nivel económico interno?

Nosotros repartimos todo equitativamente. Hacemos un fondo común al que va toda la pasta y vamos decidiendo de vez en cuando repartir dinero de ahí. Cuando salimos a tocar todos los gastos se pagan de ese fondo y con grabaciones, local o vídeos, lo mismo.

¿Cómo crees que os puede influir la crisis de la pandemia?

A nosotros o a sellos como Humo no nos va a afectar porque venimos de donde venimos. No nos estamos comiendo el pastel. Podemos salir incluso fortalecidos en el sentido de que estamos acostumbrados a tocar en centros autogestionados, en salas más pequeñas, y eso va a seguir existiendo. Hemos tocado un montón de veces para treinta o cuarenta personas. Los que lo tienen peor son los de los cachés hinchados. Toca cuidar mucho proyectos como el CSA La Mistelera de Dénia, donde vamos a tocar ahora, el Liceo Mutante de Pontevedra o La Residencia de València.

Vox es una moda en los institutos. Media clase lleva la pulserita. Me ha pasado que el hecho de que mis alumnos me identifiquen como un profesor moderno y cercano les lleve a preguntarme si soy de Vox

Eres profesor en un instituto de Secundaria. No sé si en parte de la preocupación por la extrema derecha influye lo que ves en el aula.

Tenemos un problema muy gordo. La extrema derecha se ha colado en redes como Tik Tok y existe un desconocimiento profundo de la historia de nuestro país por parte de los adolecescentes, que tiene que ver con ese miedo que ha habido siempre a hablar de la guerra civil y la dictadura. Está en los temarios, pero muchas veces es el último tema y no se llega, no porque no dé tiempo, sino por miedo a enfrentarse a padres fascistas.

Los adolescentes identifican cualquier cuestión estética de la extrema derecha con un símbolo de rebeldía. Ahora cuando cantan el Cara al sol, que no saben lo que es, ven que el profesor se ofende y entonces creen que es un acto de rebeldía. Hace tres o cuatro años yo en las clases veía que por fin se progresaba en cuestiones de género o LGTBI, aunque sigue existiendo muchísimo machismo, pero se veía con una naturalidad que mi generación lamentablemente no ha vivido en el colegio. Ahora ves un retroceso tremendo. Vox es una moda en los institutos. Media clase lleva pulserita de España, de la Guardia Civil o de Vox. Saben que a la mayoría de los profesores no nos gusta.

El cantante de Futuro Terror entonces es el carca y Abascal el punk.

Hay una cosa evidente, el punk y el rock y todo esto es una cosa de viejos. Hay que tenerlo claro, ya está, no pasa nada. Para los alumnos es lo que escuchan en todo caso los padres enrollados, pero personas mayores al fin y al cabo. Cuando descubren que tengo un grupo sí que les interesa, pero me ha pasado que identificarme como un profesor moderno y cercano les lleve a preguntarme si soy de Vox.



Ignacio Pato

La Marea

Créditos a la foto de cabecera: Futuro Terror

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