Escupiremos sobre las tumbas de los equidistantes

Los equidistantes son mercancía averiada de por sí, de apariencia inofensiva e incluso benefactora, pero tan tóxica que ni Inda, ni Marhuenda ni Pedro Jota los superan en peligrosidad.

No sé cuándo, pero sé que, un día, nos reuniremos, Vian y yo, a escupir sobre la tumba de los equidistantes; no estoy seguro de cuántos más nos acompañarán, pero de lo que sí lo estoy es de que casi todas las tumbas serán de listillos equidistantes que habrán trabajado para el Grupo Prisa y la SER.

Querido compañero Riechmann, habría que recordarles, de nuevo, a muchos de los nuestros por qué dejaste de leer El País, cuando aún era la Biblia de la progresía. Algunos siguen erre que erre bailándoles el agua y creyendo que así hacen algo muy diferente a leer La Razón, el ABC o El Mundo. Siguen sin darse cuenta de que es peor aún. Como ver La Sexta creyendo que están viendo televisión “de izquierdas”. Habrá que explicarles, de nuevo, que sigan la pista de la pasta, como los detectives de las películas. Y es que algunos de los nuestros se atiborran de series y no aprenden nada de ellas. “Seguid la pasta y ved quién se beneficia del crimen y encontraréis al asesino”, habría que decirles, una vez más. Se pasan toda la vida delante de la tele y no les luce el pelo.

Si los dueños de Antena 3 y La Sexta son los mismos, ¿cómo va a ser el eximio matrimonio de La Sexta —pose más o pose menos— la voz de la izquierda? Lo del Grupo Prisa y los Cebrianes ya me da grima explicarlo, así que, si todavía queda algún despistado que no lo sepa, que se entere por su cuenta.

Con los que sí habría que gastar algo de saliva o de teclas es en los curas y las curesas de la SER, el púlpito de esta casi democracia en la que vivimos. ¡Querido hermano Larra, seguimos en el país del cuasi! No hemos salido aún de esa pesadilla que te torturó y te llevó a la tumba; de ese casi pueblo que escucha a casi periodistas que cuentan casi mentiras de casi políticos y casi charlatanes medio vendedores de casi crecepelos.

Para los que dudan y consideran exagerada esta reprimenda, les recomiendo, además de seguir la pasta, —esto es, comprobar quiénes son los dueños de esas cadenas y de esos medios, labor muy fácil, por cierto— analizar la lógica de los mensajes de esos mismos medios

Algunos se preguntarán, ¿por qué los curas y las curesas de la SER son los peores? —dado que los de El País ya van de capa caída y ellos mismos, con el listillo de Cebrián a la cabeza, se hicieron el harakiri hace tiempo—. Pues, por eso mismo, porque mantienen entre muchos de los nuestros aún la condición de hechiceros y hechiceras democráticas de la tribu. Porque, cada día nos dan y quitan las credenciales de demócratas. La mía, por supuesto, ha volado en este justo instante, si a alguno de ellos o de ellas les llega un eco de este inofensivo escupitajo).

Y, también, debido a la astucia de todas las astucias, pues a astutos no les gana nadie (a los de El País, desde hace tiempo, y hasta a los de La Sexta, se les ha notado mucho la añagaza) ¿Han reparado en cómo dan cancha en algunas de sus páginas, espacios o secciones a unos pocos de los nuestros? ¿O se han preguntado, por curiosidad, qué hace el bueno de El Roto todavía en El País?; o ¿por qué tiene “Ojo Izquierdo” la SER; o por qué, en su momento, dieron tanta bola al listillo de los listillos, el amigo Errejón. Genial y significativa ha sido la vuelta fugaz de Maruja Torres a su antigua casa. Al menos, ella no tiene “el coño para ruidos” y se ha largado, de nuevo. Menos mal, compañera; qué gusto escuchártelo; así uno no se siente tan solo en este desierto de ‘buen gusto’ léxico en que andamos perdidos.

Los equidistantes son mercancía averiada de por sí, ni carne ni pescado, de apariencia inofensiva e incluso benefactora, pero tan tóxica que ni el amigo Inda, ni el patético —que dicen que es periodista— Marhuenda, o el loco del asunto que es Pedro Jota, o los alucinados gacetilleros del ABC, los superan en peligrosidad. La mentira disfrazada de verdad es la peor de las mentiras. Los otros solo engañan a los tontos del pueblo, esos tontos de solemnidad que los siguen a pies juntillas, embaucados y víctimas, a su vez, de su propia ignorancia; la mayoría, ofuscados votantes de Vox o del PP, a los cuales no les importa ni la verdad ni la mentira.

Pero estos otros, no; estos otros, dadores de credenciales democráticas, engañan a millones de personas a las que, a priori, sí les importa la diferencia entre la verdad y la mentira.

Para los que dudan y consideran exagerada esta reprimenda, les recomiendo, además de seguir la pasta —esto es, comprobar quiénes son los dueños de esas cadenas y de esos medios, labor muy fácil, por cierto— analizar la lógica de los mensajes de esos mismos medios y verán que todos llegan a la misma conclusión, con matices, por supuesto: “Podemos y Vox, los extremos, son indeseables actores del teatrillo político, lo perturban todo”; “Unidas Podemos sobra en el Gobierno, lo natural sería no romper el equilibrio del Régimen, PSOE/banca, PP/banca (digamos Ciudadanos/banca)”.

La mentira disfrazada de verdad es la peor de las mentiras

“¡Qué coño hace un tipo como El Coletas en el Gobierno de la Nación!”, concluyen los más brutos… “¡Qué diablos hace alguien como Iglesias en el Gobierno de la Nación!”, concluyen, a lo fino, los curas y curesas de la SER, con la bendición del Santo Padre Gabilondo I, igual que la batería de charlatanes de La Sexta (adornando un poco, tal vez, la faena, claro está, con unas gracietas del bueno de Wyoming).

Tilde, más o menos, o grosería, más o menos, es lo que grita el taimado de Inda (estrella de La Sexta), o farfulla el supuesto periodista que es Marhuenda (estrella de La Sexta) y se desgañita histérica la tropa enloquecida del ABC o de El Mundo (invitados estrellas ocasionales de La Sexta).

Y ahora les pregunto, de nuevo, ¿cuáles creen ustedes que son los que tienen mayor crédito entre la ciudadanía? ¿Cuáles son, por eso mismo, los más peligrosos?

Hace unos días, tras la aprobación del salario social, Ingreso Mínimo Vital, promovido por Unidas Podemos, uno de los curas de la SER exclamaba “¡Bien por Pablo!”. “¡Joder!”, me dije, “no me puedo creer que uno de estos curas alabe a Pablo Iglesias por hacer que casi 800.000 familias en extrema pobreza tengan un salario social que las salve de la absoluta desesperación”. No, queridos, queridas. La vida es lógica, como les digo a mis alumnos. No podía ser cierto y no lo era. Se trataba de que Pablo Alborán, al fin, había decidido salir del armario.

Ah, y todo esto en medio de la campaña caritativa del ‘kilito de papeo’ para los pobres. ¡Qué buenos son estos curas y curesas de la SER! No es Navidad, pero ellos ya han puesto a un pobre a su mesa. Qué chicos y chicas tan majos.

Entienden ahora las razones por las que Boris Vian y yo, al menos, iremos a escupir sobre sus tumbas.



Matías Escalera Cordero

El Salto

Créditos a la foto de cabecera: Imagen de David F. Sabadell

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