Y tú, que no vives en el barrio de Salamanca, ¿qué harás cuando te llegue la “paguita”?

Carta dirigida a esas personas que votaron a partidos que les han envenenado con tanto odio que han acabado odiando a las personas de su misma clase y condición.

La “paguita”, “mantenidos”, “subvencionados”, “estómagos agradecidos”… seguro que habrás escuchado y leído esos términos muchas veces e incluso los habrás utilizado. Y no te culpo. Detrás de ese discurso no está solo Vox o el Partido Popular. Es mucho más antiguo. El sistema necesita gente desesperada que trabaje por lo que sea. Para conseguirlo, que tengas una paguita que mitigue esa desesperación es contraproducente. Por desgracia, en los próximos meses, muchas personas os vais a dar cuenta de ello. Muchos recibiréis la paguita y os encontraréis ante un dilema, ante una situación que incluso os haga sentiros mal, sentiros culpables. Una situación de la que tampoco os culpo, porque la realidad es que nada de eso es culpa vuestra.

Ese texto va para ese votante que concedió su confianza a partidos de derecha y extrema derecha y que usan de manera tan despectiva el término de “paguita”, para aquellas personas que han aprendido a golpe de campaña de redes sociales, mensajes de WhatsApp y discursos de políticos que hay que odiar a aquel cuya subsistencia depende del apoyo del Estado.

No va dirigido a los votantes del barrio de Salamanca o de la calle Núñez Balboa. Esos sabemos a quién votarán pase lo que pase. Incluso si sus imprudentes manifestaciones provocan un repunte de los contagios en sus propios hogares. Los de esos barrios no necesitan rentas mínimas, porque ya tienen rentas de sobra. Las personas que habitan esas calles rehúyen, y quieren que tú rehuyas, la renta mínima, no porque no quieren que el Estado te la proporcione a vosotros, sino porque no quieren que el Estado se las cobre a ellos mediante impuestos. Esas personas no entienden ni de lejos vuestra situación, porque nunca la han vivido y, de hecho, defienden que quien la vive es porque “no se ha esforzado lo suficiente” o porque os consideran unos vagos o incompetentes para el mundo o burbuja en la que ellos viven.

Este texto va dirigido al votante contaminado por el odio de esos políticos que solo con el odio saben hacer política. A esas personas que de tanto escuchar ese discurso de odio, han llegado a odiar a sus vecinos y vecinas

Este texto va dirigido al votante contaminado por el odio de esos políticos que solo con el odio saben hacer política. A esas personas que de tanto escuchar ese discurso de odio, han llegado a odiar a sus vecinos y vecinas, a los que empujados por la pobreza y la desigualdad han tenido que recurrir a una ayuda, a las personas que la sociedad no ha podido absorber tras la crisis anterior. En resumen, a las personas que han llegado a odiar a las personas de su misma clase social. Esos políticos avivan con su odio esa guerra del penúltimo contra el último. Pero esta nueva crisis, por desgracia, hará que muchos penúltimos no se diferencien en nada de los últimos. Y entonces, ¿qué harás?

Con las cifras de desempleo actual, el parón económico, industrias y sectores como el turismo heridos de muerte y lo difícil que va a ser la reconstrucción y reactivación de la economía, mucha gente no va a encontrar trabajo en los próximos meses, quizás años. No será una cuestión de no querer trabajar, sino de no poder trabajar, de que no haya trabajo. Los discursos culpabilizadores y mantras que nos han repetido una y otra vez, esas acusaciones de vagos que no quieren trabajar, que están “mejor en casa cobrando un subsidio”, de que no trabajan porque “prefieren la paguita que salir a buscar trabajo” perderán todo el sentido, si es que no lo habían perdido ya. Muchas de las personas que usaron esos términos tan despectivos recibirán la renta mínima. Será su único sustento.

Si te es imposible encontrar trabajo, ¿te llamarás vago a ti mismo? Cuando llames a mil puertas y ninguna se abra, ¿te incluirás en ese saco de personas que, según la derecha, prefieren cobrar una ayuda que trabajar? Cuando la situación te lleve a que muy poco te diferencie de la gente que recibía una ayuda social antes del covid-19, ¿te odiarás a ti mismo? Si después de todo eso, si esa renta básica o subsidio es lo que permite que tu familia y tú podáis alimentaros, ¿te llamarás a ti mismo “estómago agradecido”?

Si te es imposible encontrar trabajo, ¿te llamarás vago a ti mismo? Cuando la situación te lleve a que muy poco te diferencie de la gente que recibía una ayuda social antes del covid-19, ¿te odiarás a ti mismo?

Estómago agradecido es otra de esas expresiones que nos insulta e infantiliza. Como si una renta básica nos convirtiera en estúpidos humanos que ya no vamos a saber diferenciar entre buenos y malos políticos al tener el estómago lleno. Según ellos, la renta mínima te va a convertir en un esclavo agradecido a su amo por darte un plato de arroz. Esa es la imagen que tienen de nosotros la extrema derecha: esclavos agradecidos. Pero, en realidad, lo que ellos pretenden es que al único que se le pueda agradecer nuestra esclavitud sea a ese empresario al que te venderás por un salario incluso ilegal con tal de llenar tu barriga y la de tu familia. No quieren que estés agradecido a políticos elegidos democráticamente, quieren que seas esclavo de empresarios, de ellos y sus amigos, y saben que la renta básica, la paguita, es una herramienta perfecta para dejar de ser esclavos de unos y de otros.

Porque si la renta básica se instaura, los dos partidos políticos en el Gobierno puede que saquen rédito político, posiblemente el que se merezcan si la medida es valiente y ayuda a una mayoría, pero no dependeremos de ellos. Porque si la renta mínima llega será para quedarse. Podremos ver y comprobar en nuestras propias carnes lo positiva, solidaria y, sobre todo, necesaria que puede llegar a ser para la sociedad. Y entonces, como muchos de los derechos que se han conseguido en las últimas décadas con la oposición de la derecha, ya no podrán arrebatárnoslo. Cuando esos votantes de derecha, que no se consideran vagos ni estómagos agradecidos, reciban la paguita, el discurso del odio hacia el pobre perderá toda su fuerza, porque las clases bajas votantes de las derechas se darán cuenta de que se han estado odiando a sí mismas. Comprobarán que, como penúltimo, se parecen mucho más a los últimos que a los manifestantes del barrio de Salamanca o a los que enarbolan ese discurso contra los últimos desde sus atriles en el Congreso.

Cuando esos votantes de derecha, que no se consideran vagos ni estómagos agradecidos, reciban la paguita, el discurso del odio hacia el pobre perderá toda su fuerza

Y eso la derecha lo sabe. Por eso provocan ese desprecio al pobre disfrazado de campañas de Twitter contra el Gobierno. Por eso insultan a sus propios votantes y siembran ese odio de una manera tan constante y agresiva durante esta crisis. Vox y PP saben que cuando sus votantes reciban la paguita, su discurso se desmoronará. 

Se opusieron a subir el salario mínimo porque dicen que la gente lo que quiere es trabajar y la subida destruiría empleo, pero desprecian una renta básica porque defienden que la gente dejaría de buscar trabajo. Cuando se trata de financiar una medida como la renta básica subiendo impuestos a las rentas altas o grandes patrimonios, ya no son tan patriotas. Y, para colmo, quieren hacerte creer que tú serás menos patriota si la recibes. Menos ciudadano, menos merecedor de colgar una bandera en tu balcón, menos personas.

Como he dicho al principio, el desprecio al pobre no es nada nuevo. La aporofobia (odio al pobre) que rezuma los discursos de Vox y el PP se está quitando la careta. Pretende que este virus, igual que anteriores crisis financieras, recaiga sobre las espaldas de los más pobres, que la clase empresarial pueda salir de ella con un ejército laboral de reserva desesperado por trabajar por una miseria. Que ellos no tengan que pagar nada en impuestos para reconstruir el país y que nosotros no recibamos ninguna paguita. Para la extrema derecha ahora solo hay una dicotomía en la que están basando toda su oposición en un momento tan delicado como la actual crisis sanitaria y a la que nos quieren enfrentar: o ellos o nosotros. Y que para que los elijáis a ellos, no dudarán ni descansarán en su estrategia del odio y desprecio. Si eliges su odio, puede que te des cuenta dentro de muy poco de que te han empujado a odiarte a ti mismo. Acabo repitiendo lo que dije al principio: no te culpo. Pero sí os planteo esa pregunta: si llega ese momento, que ojalá no llegue, ¿qué harás cuando te den la “paguita”?



Yago Álvarez Barba

El Salto

Créditos a la foto de cabecera: Un manifestante “torea” con una bandera de España en las manifestaciones de Núñez de Balboa. / Álvaro Minguito

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