La Renta Básica Incondicional es el punto de partida, no de llegada

La idea de una Renta Básica lleva entre nosotros más de lo que la mayoría cree -casi desde el origen del capitalismo, que quitó de un plumazo la posibilidad de vivir al margen del mercado oficial- y ha cruzado un desierto de silencio informativo con tergiversaciones y acusaciones de todo tipo a quienes la defendían. Sin embargo en los últimos años, la RBUII se ha  buscado un hueco en los debates económicos y políticos y ahora, con la pandemia del Covid-19 y la crisis, ha tomado un protagonismo sin precedentes.

Proliferan artículos especializados y declaraciones de políticos y economistas tanto a favor como en contra en un maremágnum de informaciones y afirmaciones categóricas que hace necesario, una vez más, aclarar bien de qué estamos hablando, o por lo menos intentarlo. Y conviene aclararlo cuanto antes y cuantas veces sea necesario porque, a medida que se van dibujando las políticas para la reconstrucción de la “nueva normalidad”, la palabra renta (a veces ingreso) con diferentes apellidos va copando más titulares.

¡Malo, malo! cuando hasta De Guindos, exministro de economía español en los años mas duros de la austeridad, habla de ella y la recomienda. ¿A qué renta se refieren? ¿Cómo la van a conceder y a quiénes la concederán?  Posiblemente veremos ofertas de créditos para hacer frente a la situación, como siempre. Créditos que no recibiremos todos, pero sí pagaremos todos. O pagarán los gobiernos, que para el caso es lo mismo. Bussines son bussines.

El interrogatorio y las exigencias

Es curioso como a la Renta Básica, la incondicional, individual y universal -la de verdad- se le achacan todo tipo de males y se le interpela por todo tipo de problemas como si tuviera que dar respuesta a la totalidad de la problemática social que existe: ¿Acabará con la violencia machista? ¿Habrá inflación? ¿Qué pasará con los sin techo? ¿Y los inmigrantes, vendrán más? ¿Se disparará el consumismo? ¿Es sostenible? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿Y qué pasa con el trabajo y las pensiones? ¡Nadie trabajaría! ¡Se malgastará el dinero!… Preguntas y afirmaciones  que es fácil  encontrárselas cuando salta el tema. Hay que decir que no todas se hacen desde la mala fe; responden a una preocupación lógica y nacen del desconocimiento de la propuesta, sobre todo de la parte que explica cómo hacerla viable. Pero hay que decir también que muchas preguntas van con el archivo adjunto de la descalificación, a priori, de cualquier argumentación, lo que hace inútil cualquier esfuerzo en explicarla.

Pero supongo que si se ha leído hasta aquí, es que hay interés.

La piedra filosofal

Pues bien, siento defraudar a quien esperaba otra respuesta pero no, la RBUII no es la piedra filosofal, ni tampoco la solución definitiva a todos los males que nos aquejan, nada más lejos. Todos y cada uno de los problemas que padecemos, desde la crisis climática que ya está aquí y será más dura que el covid-19, la violencia machista (la bruta y la camuflada), el trabajo y la dignidad laboral,  el acceso a una sanidad y educación  en condiciones, la igualdad real, etc requieren una atención específica, y un tratamiento integral que reoriente el proceso de degradación que nos ha llevado hasta este momento. Cada una de esas problemáticas tiene una raíz compleja y están relacionadas, así que se requieren soluciones complejas e integrales. La RBUII no es una política económica o social al completo, es solo una medida económica que debería incluirse en un proyecto más amplio.

Una definición rápida: es una asignación monetaria – no en especies- que el estado da a todas y cada una de las personas residentes en el país sin ninguna condición ni requisito previo”. O sea tiene la misma consideración que la educación, la sanidad, etc..

Entonces ¿para qué sirve la RBUII? ¿Cuál es su objetivo?

Que todas las personas tengan aseguradas sus necesidades básicas de alimentación, vestido, energía, comunicaciones… En síntesis: acabar con la pobreza ya y para siempre.

Es una imagen potente si se la deja fraguar: acabar con la pobreza y hacerlo ya y de forma permanente. Choca de frente con lo instalado en el sistema de creencias general que dice: “siempre habrá pobres”, mecanismo perfecto para aceptar cualquier solución “razonable” y “realista” que solo mitigará, y perpetuará, la discriminación. Es como decir: usted tiene diabetes y será para toda la vida.

Dijimos más arriba que la RBUII no está para solucionar la extensa problemática que se le reclama, pero hay que reconocer que sí va a influir en todos esos aspectos, y algunos más, porque precisamente, la pobreza es la raíz -y no solo la consecuencia- de muchas actuaciones políticas, económicas, sociales, culturales y hasta religiosas. De hecho para algunas personas y organizaciones, la pobreza es un buen negocio y gracias a que hay pobres, justifican su razón de ser. Si además sucede una crisis como la presente, que arrecia por momentos, afectando a millones, quienes se dedican desde impecables despachos, a presentar propuestas “razonables” – aquello de los créditos y ayudas- se frotan las manos por la bonanza que ven venir.

En este contexto (y antes también) decir que es totalmente posible, recomendable y sobre todo necesario la implantación de una RBUII y hacerlo de manera permanente, no solo para salir del atolladero actual, es poco más o menos que descabellado, insolente y hasta peligroso. Todo depende de quién haga las cuentas y con qué intereses y la realidad que se construye es totalmente diferente.

Dijimos que  personalidades declaradamente conservadoras como De Guindos hablan y defienden, sorprendentemente, una Renta Básica, hasta que leemos la letra pequeña y aparecen los TAE, TIN, y demás cepos. Como decíamos, la pobreza es negocio, por eso vemos desde las filas del más exquisito neoliberalismo proponer rentas básicas a cambio de salud, educación, pensiones; para resumir: a cambio de la vida de las personas.

¿En qué se diferencia la RBUII de otras rentas?

Conviene aclarar entonces que la RBUII de la que hablamos deja intactos todos los demás derechos adquiridos, y sostenidos por todos, lo que se conoce como “lo público”: la educación, la sanidad, las pensiones, los derechos laborales, el cuidado de mayores. Esta RBUII no va a «desvestir a un santo para vestir a otro», como pretenden los que quieren hacer caja con las necesidades de las personas. De hecho se incorpora como un nuevo Derecho Humano que no dependa de decretos y leyes que lo pongan en peligro.

¿Y de dónde sale el dinero?

No soy economista, pero tampoco soy arquitecto y sé la casa que me gustaría tener. La puesta en marcha de este proyecto empieza por la revisión de todas y cada una de las partidas presupuestarias estatales y regionales y de todas las instituciones públicas que han de trabajar, por lo menos una vez en la vida, con el mismo proyecto y objetivo: acabar con la pobreza. Por otro lado una nueva fiscalidad más justa (que es posible) lleva tiempo siendo expuesta por especialistas en economía y en cómo es posible -al detalle- una RBUII  que sería exhaustivo exponer aquí. Pero ya adelanto que resulta sorprendente y clarificador la cantidad de miles de millones que se dedican al mantenimiento del sistema subsidiario actual en recursos de todo tipo. La RBUII es una “reinversión” en la economía de las personas y de todo el país, (una especie de ¿economía circular?) que no se va a la especulación sino al consumo personal y por tanto reactiva la economía, entre otras cosas. En definitiva, si para algunos la pobreza es un negocio, para quienes defendemos la RBUII, es la forma más barata de acabar con ella y aprovechar nuestra riqueza, no solo económica sino sobre todo humana, por el panorama de libertad y seguridad que presenta a la totalidad de la población. Como dice el eslogan: “para que nadie se quede atrás” desde el primer momento.

Sintetizando

La RBUII tiene el objetivo de eliminar la pobreza permanentemente y no está para solucionar el resto de problemáticas sociales, pero tampoco es inocua. El hecho de acabar con la pobreza implica directamente que todo negocio, acción social,  política o medidas económicas que tengan a la pobreza como base, resultan innecesarios y se pueden derivar muchos recursos a atender las otras realidades conflictivas que padecemos.

La RBUII no es un punto al que se ha de llegar para provocar un cambio en la situación social y personal de las poblaciones; es el punto de partida. Y no hablamos solo de economía.



Paco Vaquero

Pressenza IPA

Créditos a la foto de cabecera: Imagen de moritz320 en Pixabay

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