La Gran Hermana: WhatsApp, Telegram y Ana Pastor

Censura. Orwelliano. El Gran Hermano. Comusocialismo. Socialcomunismo. Esto se lee en muchos lugares en estos días. Lugares que pretenden ser medios ‘serios’, de periodistas que pretenden que se les tome en serio. Políticos que pretenden ser serios repitiendo lo que esos medios dicen.

La Gran Hermana y El Gran Cuñado

Quéperezadeverdá. Desde la derecha y la ultraderecha se ha lanzado el bulo (sí, es un bulo, ya veremos por qué) de que será la mismísima Ana Pastor, esa periodista marxista leninista que está deseando la instauración de una dictadura comunista en España (nótese la ironía, ya que como mucho nos atreveríamos a meter a la señora Pastor en la órbita socioliberal), la que revise uno por uno todos los mensajes de WhatsApp que circulen entre los españoles de bien.

Ana Pastor acaba de descubrir lo que tienes en tu móvil y te va a borrar de la faz de la Tierra

Como lo oyen. Ella misma. Cada mensaje, sin perder detalle. Uno a uno. Y si ve alguno que no le gusta lo eliminará e impedirá que tu cuñado mande el enésimo mensaje del día protestando por el color de la corbata de Pedro Sánchez o comparando una pandemia con los atentados terroristas de París, con todos sus huevos.

Así tal cual, con mejores palabras o peores expresiones, no dejan de difundirlo supuestos periodistas a los que interesa el trazo grueso del asunto (“estalinismo!”) antes que la verdad. Y he aquí que la parte neanderthal de las redes sociales no deja de machacar cansinamente con el temita de que «estamos entrando en una etapa orwelliana» (nos apostamos todas nuestras Medallas Estrella de Oro a que la mitad de los que dicen «orwelliano» no se han leído jamás un libro de Orwell, y muchos por desgracia ningún libro).

Aquí un supuesto periodista hablando sin saber ( y si sabe, peor aún, mintiendo)

El largo brazo de la censura

Pero ¿cuál es la verdad?. ¿Se pueden monitorizar los mensajes de WhatsApp para averiguar su contenido y cesurarlos? ¿Se puede saber qué es lo que un usuario manda a otro? ¿Se puede limitar la capacidad de mandar mensajes de un usuario a otros o a un grupo dependiendo del contenido del mensaje?

Respuesta corta: NO.

Y si no te fías, que debería ser lo normal en una persona con capacidad crítica y un poco de curiosidad, pues aquí va la respuesta larga…

Un momento. Espera. ¿Cómo es que entonces tanta gente se cree una “noticia” como esa? ¿Cómo es que nadie se pregunta si es cierto?. Bueno, ¿recuerdas lo que decíamos en el párrafo anterior acerca de «capaciad crítica y curiosidad»?

A lo que íbamos. La explicación larga a por qué lo que dicen es mentira es simple: WhatsApp es una aplicación que tiene los mensajes con un cifrado de extremo a extremo. Es decir, la app tiene un sistema que codifica los mensajes cuando se escriben y se mandan. En un breve instante al dar al botón de ‘enviar’ tu mensaje queda encriptado según un patrón/clave que se ha generado entre el emisor y el receptor. De tal manera que solo el receptor tiene la llave para descifrarlo (la llave o clave es compartida entre emisor y receptor). El mensaje sale encriptado desde tu smartphone, llega al servidor de WhatsApp, donde queda almacenado a la vez que rebota desde ahí hasta el destinatario.

El mensaje entonces es ilegible por nadie que no sea el emisor y el receptor. Queda también almacenado en el servidor pero esa copia está también encriptada, de manera que aún accediendo al servidor y viendo el archivo, su contenido sería un galimatías de símbolos alfanuméricos que no se pueden traducir a palabras ni imágenes si no es con la clave. Y la clave la tienes tú y quien envió el mensaje.

Y ¿qué pasa con eso de que dicen que si quieres enviar un mensaje poniendo fino a Echenique resulta que WhatsApp no te deja y si quieres compartir un meme de gatitos puedes hacerlo con quien quieras?

Pues tiene su lógica. Resulta que la app tiene ahora una función aplicada (para todos los usuarios de la aplicación en todo el mundo) que limita el número de reenvíos de mensajes, para evitar el saturamiento de la red y la difusión de potenciales noticias de mierda.

El mecanismo funciona limitando el número de veces que un mensaje puede reenviarse cuando ya ha sido reenviado muchas veces antes. De manera que si un usuario reenvía más de cinco veces un mensaje, por ejemplo de Echenique asesinando gatitos con su silla de ruedas comunista, o de gatitos haciendo monerías, ese mensaje solo podrá reenviarse una sola vez más por el que lo recibe. Como resulta que los bulos son lo más reenviado y compartido, pues esta limitación les afecta, pero también afecta a cualquier mensaje, porque no se trata del contenido del mensaje, sino del número de veces que ha sido compartido.

Así que no, no es posible la censura previa o filtrado de mensajes en base a su contenido en WhatsApp.

Más en estos artículos relacionados  ¿Nueva normalidad? Mejor transformar la realidad

Y WhatsApp, ¿qué opina de todo esto?

Sí, muy bonita la explicación, pero tu espíritu crítico te está pidiendo a gritos pruebas, evidencias irrefutables (o eso sería lo esperable de un buen sentido crítico).

Tu sentido crítico pidiendo a gritos evidencias


Ok, pues si no nos crees a nosotros, tendrás que creer a WhatsApp:

«A fin de preservar la privacidad y la intimidad en WhatsApp, hemos implementado límites en la función para reenviar mensajes en los chats. Cuando reenvías un mensaje, puedes elegir compartirlo con hasta cinco chats a la vez.

Cuando un mensaje se reenvía de usuario a usuario más de cinco veces, esto se indica con un icono de una flecha doble. Para poder ralentizar la divulgación de mensajes reenviados y mantener WhatsApp como un espacio donde tener conversaciones privadas, estos mensajes únicamente se podrán reenviar a un solo chat por vez.

El número de veces que se reenvió un mensaje permanece cifrado de extremo a extremo. Esto significa que WhatsApp no sabe cuántas veces se reenvió un mensaje y tampoco puede ver el contenido del mensaje. Para obtener más información sobre el cifrado de extremo a extremo, consulta este artículo«

Y lo del control mundial, ¿eh?

Ah, sí, eso. Pues es cierto. Bueno lo que es cierto es que Newtral y Maldita.es han sido encargados del «Fat Checking» por Facebook en algo que no ha sido ‘a dedo’, sino que se ha adjudicado en base a que esas dos fuentes han sido acogidas por la IFCN o Red Internacional de Comprobación de Datos para integrar su lista de comprobadores; a la que solo se puede pertenecer bajo un standard que fija la propia red y que se puede consultar en su página. (Estaréis hartos y hartas de oírlo pero ponemos en castellano qué es eso de Fat Checking que suena a palabrota: comprobar si informaciones son verdaderas o falsas, verificando fuentes, cruzando datos y lo concerniente a las informaciones: lugar, fecha, protagonistas, circunstancias, imágenes).

Y resulta que solo te recomiendan que compruebes en esta red. Pero «censura orwelliana» porque patatas.

Podemos ver en la web la lista de otras agencias y medios que pertenecen a la red. Si hubiera otros medios españoles que hubieran presentado la solicitud a la Red, ésta habría comprobado que se ajustan a sus requerimientos y eventualmente habrían sido aceptados, con lo cual si OK Diario o La Razón hubieran presentado solicitudes para entrar y hubieran sido aceptados, quizás sería alguno de esos medios quienes estarían siendo las agencias de comprobación de noticias que Facebook o WhatsApp tendrían para consultar.

Suponemos que algunos presentaron solicitudes y no fueron aceptados (así entre vosotros y yo, porque mienten más que Pinocho); y además dado el ‘tratamiento’ que algunos medios hacen de ‘noticias’ dependiendo del sesgo político o el personaje (también entre vosotros y yo, ‘poco fiable’, y es ser generoso con ellos) muchos ni siquiera se habrán molestado en presentar la solicitud.

Así que en todo caso tendrían que cargar contra la IFCN, quizás sus criterios de selección no son buenos, aunque vosotros mismos los podéis comprobar en su portal. Pero eso es harina de otro costal.

Muchos acusan de ‘censura’ cuando lo único que se necesitaría para sortear la supuesta ‘censura’ es que las noticias que se presenten sean verdaderas y los datos, fiables. Que no es nada más ni nada menos que lo que exige la propia ética periodística.

Por lo demás existe lo que se llama la ‘linea editorial’, el posicionamiento ideológico que tiene un medio frente a los hechos que relata, y eso puede seguir haciéndose sin ningún problema. Podrán entonces seguir llamando ‘concubina’ a la pareja del ‘Coletas’ o llenando de epítetos las columnas de opinión (y de alabanzas felativas a Amancio Ortega).

Pero lo que no es de recibo es que un medio crea que puede plantar cualquier chufla como noticia y además exigir ‘respeto’ como medio periodístico. Nadie les va a censurar si lo que dicen es cierto. Tampoco los van a censurar si se sacan las noticias del sobaco (Javier Negre, te estamos mirando a ti), sus lectores podrán seguir leyendo sus remedos de noticias con toda tranquilidad acudiendo a los medios en cuestión. Más o menos como siempre.

Más en estos artículos relacionados  El populismo epidemiológico no frenará al coronavirus

A Telegram, que allí es Jauja

Pues por todo el bulo detallado el partido de ultraderecha Vox (de entre los generadores de basura informativa son los que se llevan el premio gordo) ha solicitado a sus simpatizantes dejar la red WhatsApp para pasar a Telegram. Ingenuos, sin saber que en la red Telegram se pueden denunciar los contenidos no apropiados, se pueden denunciar canales por su contenido o se pueden denunciar cuentas de usuario por contenido no apropiado u ofensivo. Esas herramientas no existen en WhatsApp. Los canales públicos de Telegram están obligados a cumplir las normas de la empresa. Así que no sería raro que Abascal y su tropa se vieran en breve protestando porque les han denunciado sus porquerías en Telegram y les han cerrado este o aquél canal de bulos (igual que les pasó en Twitter). Como Telegram es un proyecto ruso ya imagino las ‘noticias’ en medios afines hablando del ‘contubernio comunista’.

Lo que sí es cierto es que en Telegram el contenido entre usuarios que se conocen puede intercambiarse infinitas veces. Pero lo mismo se podía hacer con los grupos de WhatsApp. También ocurre que Apple directamente no deja que ciertos canales difundan en sus teléfonos (como los que distribuyen pornografía, cabe la posibilidad de que las mentiras obscenas que difunde la ultraderecha sean consideradas pornográficas. Venga vale ahí me he tirado el pisto demasiado). Que la ultraderecha se pase a Telegram con las normas que tiene Telegram (o Apple) solo los va a transformar en un grupo endogámico que se pasarán los bulos entre ellos.

Así que no, Ana Pastor no te está mirando el móvil y no va a decidir qué puedes compartir y qué no, ni con quien.

Aunque creemos que en realidad esto ya lo sabíais. Al menos esos y esas del buen espíritu crítico y la gente curiosa que busca las respuestas correctas en las fuentes adecuadas.

Nota: Y de nuevo entre vosotros y yo, Telegram es un nido de comunistas y anarquistas, ellos sabrán lo que hacen… y si no os lo creéis comprobadlo uniéndoos a nuestro canal de Telegram

Foto auténtica del fantasma de Lenin tomada en el futuro a punto de darles una bofetada a los de Vox y su canal de Telegram. Se avecina contubernio.



unfollow.es

Créditos a la imagen de cabecera: Orwell, very well Manuel. / Foto de Markus Spiske en Pexels

Entradas relacionadas

Deja tu comentario