El dilema del confinamiento en África: salvar vidas o aumentar la pobreza

La medida, en un continente donde la gente vive hacinada, se dedica a la economía informal y dispone de servicios esenciales muy escasos, puede ser contraproducente. En Sudáfrica y Nigeria ya ha habido protestas por la limitación de movimientos.

Dice Anthonia que tiene miedo. Un miedo desconocido. Un miedo que no ha sentido en sus 55 años de vida. Ella, que ha criado a cinco hijos, que ha sacado a su familia adelante en Agege, un humilde y populoso barrio que la migración nigeriana bautizó así en Accra, la capital de Ghana, donde las cosas no suelen ser fáciles para nadie. Ahora Anthonia tiene miedo. Su televisión, una pantalla de unas 25 pulgadas que preside el salón de la casa que comparte con su marido, no ha dejado de repetir la misma palabra, coronavirus, y de ofrecer cifras escalofriantes en los últimos días: muertes y dolor en Italia, muertes y dolor en España, muerte y dolor en Estados Unidos. Ya no lleva la cuenta. Tiene miedo. 

Dice que hace todo lo que escucha en esa pantalla: se lava las manos unas cuantas veces al día, ha colocado un spray con alcohol a la puerta de su salón para ella y para las visitas de estos días raros, ha comprado mascarillas. Pero no tiene miedo por ella. O, al menos, no solo por ella. También por su familia, por la gente de su barrio, de su país. “Por nuestra forma de vivir, un virus como este puede ser algo muy malo para África. Aquí solemos habitar casas muy pequeñas, y en ellas vivimos muchas personas y muy juntos. Una habitación, por ejemplo, suele servir para que duerman 6 o 7 personas o más. Todas las noches”, afirma sentada en un pequeño sillón. “Y no solo por las noches. Hay comunidades que usan las mismas duchas, los mismos baños. Familias enteras que lo comparten todo”, afirma. 

El coronavirus ha entrado en Ghana y en África, y tanto el país como el continente se enfrentan a un nuevo virus desconocido con menos medios que el resto del planeta. Lo advirtió el etíope Tedros Adhanom, presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando la COVID-19 comenzaba a hacer estragos en Europa. “África tiene que prepararse para lo peor y hacerlo desde ya. Mi continente debe despertar”, dijo en una comparecencia pública. Los contagios en terreno africano aumentan día a día (sobrepasan ya los 5.000, aunque las cifras quedan anticuadas con una periodicidad diaria) con una clara diferencia entre los países con medios para hacer tests: las cifras de Sudáfrica, que reporta ya más de 1.000 casos, o la de los países mediterráneos como Egipto o Argelia, con más de 500 cada uno, contrastan con las naciones más pobres como Sierra Leona, que no ha diagnosticado ningún caso pese a que su presidente, Julius Maada Bio, ha impuesto el estado de alerta por un año. Ruanda fue el primer país del África subsahariana que decretó el confinamiento de la población, medida que han adoptado otros gobiernos como Senegal, República Democrática del Congo o la propia Sudáfrica.

En Accra, la capital de Ghana, el 91% de los hogares no dispone ni siquiera de espacios comunes y el 34% de las personas usan un baño público

Ghana ha reportado ya cinco muertes y más de 150 personas infectadas, ha cerrado todas las fronteras y ha decretado también una especie de confinamiento parcial en las grandes ciudades del país, incluyendo la capital, Accra. Una actualización lenta pero implacable que hace que personas como Anthonia sientan incertidumbre y miedo. Los datos indican que su temor a hipotéticos contagios en casa, a que familias enteras puedan infectarse, no es algo infundado. Según el Servicio de Estadística de Ghana, el 91% de los hogares en Accra, la ciudad más grande y poblada del país (de los 28 millones de habitantes del país, aproximadamente viven en ella unos dos millones y medio) no tienen espacios comunes. Son casi 115.000 casas en total. Y es solo un pequeño ejemplo de lo que pasa en este país, donde el 80% de la población carece de acceso a saneamiento y donde el 35% de la gente debe usar por obligación un baño público para asearse.

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HACINADOS… EN EL EMPLEO INFORMAL

El pasado lunes 23 de marzo el mercado de productos electrónicos Circle, que rodea Neoplan, uno de los centros neurálgicos de Accra, una estación de autobuses que conecta la capital con otras zonas de la región e incluso de todo el país, amaneció desierto. En una esquina, frente a las estructuras de madera que normalmente acogen decenas de pequeños negocios tecnológicos, Maxwell, un nigeriano de 39 años, observaba cómo las autoridades locales fumigaban todos los rincones para luchar contra el virus. Circle es una de las zonas más concurridas de la capital, el trajín de personas y mercancías suele ser la tónica habitual y las aglomeraciones en sus puestos callejeros, también. “Sé que este virus empezó en China, ¿no? Aquí ha llegado poco a poco, aunque el gobierno ya está diciendo que la gente debería quedarse en sus casas”, afirmaba. 

El mercado de Circle. / José Ignacio Martínez

Maxwell se gana la vida en el mercado, aunque no tiene una tienda física ni nada que se le parezca. Él explica que consigue teléfonos, ordenadores y demás material informático y después intenta venderlos más caros. Negocia para ello con los empresarios que regentan negocios en Neoplan o directamente con los compradores finales. Y cuando no consigue material, intenta captar clientes para los dueños de otros puestos a cambio de un pequeño porcentaje de las ventas. “El dinero viene, va, hermano, no sé cuánto puedo ganar. Algunas semanas más, en torno a 250 cedis (unos 40 euros), y otras semanas, pues menos. Depende de muchas cosas”, explica. Maxwell, como el 88% de la población en Ghana según los datos hechos públicos por el gobierno nacional, pertenece al sector laboral informal. Gente que gana menos dinero, genera ingresos irregulares y no tiene acceso a las protecciones y servicios básicos que brinda el estado. Gente que, al fin y al cabo, sería mucho más vulnerable no solo a la pandemia, sino también a un confinamiento total de la población. 

Los ejemplos en el país ghanés y en el continente africano de empleo informal son numerosos: hombres haciendo negocio con huertos familiares, mujeres vendiendo bolsas de agua y comestibles en pequeños puestos callejeros, incluso niños que se dedican a la venta ambulante por las calles de cualquier nación. Según informa la Organización Mundial del Trabajo, el 85,8% de los empleos en África subsahariana son informales. Este organismo dice también que dos mil millones de personas (más del 61% de la población activa en el mundo) se ganan la vida con este tipo de economía. Dicho documento también recoge que el 93% del empleo informal en el mundo se encuentra en los países en vías de desarrollo, entre los que incluye algunas naciones en Asia, en el Pacífico, en los Estados Árabes y en Asia Central.

La Organización Mundial del Trabajo indica que el 85% de los empleos en África Subsahariana pertenecen a la denominada economía informal

Justo una semana después de desinfectar el mercado de Circle (y el de muchos de las grandes ciudades del país), el presidente ghanés, Nana Akufo-Addo, decretó el confinamiento parcial de algunas ciudades del país, las más pobladas, entre ellas de la capital. Las estadísticas en torno al empleo informal hacen ver que un confinamiento podría crear un problema de dimensiones parecidas (o incluso mayores) al que se quiere solventar al adoptar esta medida. Ciudadanos de otros países africanos como Sudáfrica y Nigeria ya se han echado a las calles para protestar por la limitación de movimientos y, como estas medidas se propaguen por todo el continente, los disturbios pueden dejar de ser algo esporádico y específico de unas cuantas naciones. 

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LA POBREZA, ESE FEROZ ENEMIGO

Anthonia, Maxwell y otros muchos compatriotas suyos también tienen algo en común a la hora de enfrentar y prepararse para el virus: la pobreza. Como indican los datos de Naciones Unidas, Ghana tiene una tasa de pobreza que roza el 25%. Es decir, 6,8 millones de ghaneses tienen que vivir con menos de un euro y medio al día. De ellos, 2,3 millones lo hace bajo el umbral de pobreza extrema: no pueden gastarse en alimentos ni sesenta céntimos diarios. Y esta situación de vulnerabilidad tan lacerante se repite en todo el África subsahariana: según la ONU, el 85% de las personas pobres en el mundo vive en este territorio. Esta falta alarmante de recursos también se nota en otras facetas que dificultarán mucho que se frenen los contagios. Un ejemplo: la OMS ha repetido en innumerables ocasiones que lavarse las manos puede resultar crucial para detener la expansión de la COVID-19, pero el número de hogares en Ghana que tienen su principal fuente de agua en un pozo es del 32,3%, cifra que se dispara hasta el 74% en las áreas rurales del país.

Un operario fumiga el mercado. / José Ignacio Martínez

Al tiempo que los casos de contagios y fallecimientos suben en todo el continente, las medidas económicas para intentar paliarlo también. El gobierno de Ghana ya ha anunciado un plan específico por que el que destinará unos 100 millones de dólares para luchar contra la pandemia, Zimbabue ha decretado la legalización de monedas extranjeras mientras se prepara para 21 días de reclusión… Y así en todo el continente. La Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (CEPA) advirtió a mediados de marzo que la crisis provocada por el nuevo coronavirus, en su peor escenario, podría hacer perder al continente la mitad de su Producto Interior Bruto. Mientras tanto, la mayoría de africanos de a pie teme un confinamiento severo por miedo a no poder comer si quiera una vez al día.


José Ignacio Martínez Rodríguez

La Marea

Créditos a la foto de cabecera: Un grupo de mujeres esperan el autobús en Accra. / José Ignacio Martínez

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